Las bodegas apuestan al vino en lata para competir con cervezas y otras bebidas

Son 8 las marcas y más de 15 las bodegas que se suman a la movida. Los jóvenes, en especial las mujeres, son el público que buscan captar.

El vino en lata ya ocupa un lugar en las heladeras de mercados y vinerías en las principales ciudades argentinas. El producto lanzado para la temporada de verano competirá con las cervezas y frizzantes. Las bodegas quieren conquistar nuevos consumidores y apuestan al aluminio como un envase fácil de transportar, que se enfría más rápido y es adaptable a distintos momentos, como el consumo individual.

Después de décadas de negarse a la competencia con las cervezas, es el vino el que se mete a desafiarla con mismo packaging. “Queremos compartir las heladeras de los comercios con las cervezas. Que al elegir, el consumidor tenga la opción de llevarse un vino​ en lata”, adelanta Soledad Mayorga, jefa de Marketing de Santa Julia, bodega que acaba de lanzar su exitoso vino Chenin dulce natural en lata de 375 cc, a un valor de venta sugerido de $150. El mismo vino en botella de 750 cc cuesta $285.

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El productor del envase de aluminio es la empresa multinacional Ball Corporation, ubicada en Burzaco. Son seis bodegas que han lanzado sus vinos en lata y una docena que lo prepara para 2020. Además del Santa Julia Chenin dulce natural, fueron envasados los vinos Dada White y Pink (Finca Las Moras- Peñaflor), en envase de 355 ml; las marcas Dilema White y Pink (Bodega Mendoza, Fecovita), en 269 ml; el vino Omniun Malbec (Viniterra), 310 ml, el New Age (Bianchi), en tamaño 269; y Blasfemia (Quilmes), en envase 269 ml. En pocos meses se sumarán las bodegas Trivento, Salentein, López, Dante Robino, Los Toneles, Norton, Doña Paula y Chandon, entre otras. “Estamos viendo nuevos hábitos de consumo y que la lata se adapta a un público joven que no requiere de un ritual para beberlo, solo abrirlo y disfrutarlo”, argumenta Marisel Millán, de bodega Los Toneles, que en febrero lanzará el vino Malbec de Tanque, en envase 354 ml, a $ 130 la lata.

El gerente comercial de Ball Corporation para Argentina y Uruguay, Andrés Agnello, contó que le propusieron a las bodegas comenzar con una partida de 500 mil latas y la respuesta era que “les parecía mucho” para un producto experimental. Sin embargo, antes de tener el vino envasado en la lata, las bodegas hicieron la preventa a sus distribuidores y, a los pocos días, “todos pidieron duplicar la producción”. La fábrica produce 8 millones de latas por día. “Somos el único productor de envases de aluminio en Argentina, el 97% de lo que se fabrica es nuestro y el resto, de un productor sudafricano”, dijo Agnello.

Estados Unidos es el país con el mayor crecimiento de vino en lata. La producción del envase de vino en aluminio comenzó en el año 2000 y con pruebas en un laboratorio de Denver, Colorado. En Argentina, el Instituto Nacional de Vitivinicultura –con sede en Mendoza- también exige que todas las marcas deben pasar por testeos previos y degustaciones cada 15 días para evaluar la evolución del líquido en el envase de aluminio. “Las primeras pruebas fueron para descartar que se produzca corrosión (oxidación por la cantidad de cobre) y también se monitoreó el sabor y el olor”, explicó Agnello.

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Lo que primero se pregunta el consumidor que prueba el vino en lata es si cambia el color, olor o sabor del vino. En la degustación de Bodega Santa Julia, en la que participó Clarín, pudo comprobarse que las propiedades organolépticas del vino en lata no variaron demasiado con el vino de la botella. El Chenin dulce natural es un vino blanco de baja graduación alcohólica (7,5%), que en la lata tiene algo de burbuja para evitar aplastamientos. Al abrir la lata se siente la clásica explosión de aire que produce la cerveza. El color del vino en botella es amarillo pálido, mientras que en la lata un poco más dorado. Al olfato conserva todos los aromas típicos del varietal Chenin, con durazno blanco, hierbas silvestres, algo de limón y pomelo;  y al gusto no se perciben diferencias con el vino en botella de vidrio. Un dato lo diferencia del embotellado: la fábrica sugiere consumir dentro de los 12 meses de envasado para que no pierda sus características.

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