Bajo cinco tambos ocultos entre la tierra fueron encontrados 66 rifles, un poderoso Barret calibre .50, dos ametralladoras, casi 6 mil 500 cartuchos y 58 placas balísticas. *El hallazgo ocurrió en El Rosario, Sinaloa.
Por: Agencias | ctriticadn.mx
Lo que parecía ser un punto más de una zona de terracería terminó convertido en el escenario de un impresionante hallazgo: un verdadero arsenal de guerra permanecía oculto bajo tierra, listo para ser utilizado.
Elementos de la Guardia Nacional y del Ejército Mexicano localizaron un enorme depósito clandestino de armamento durante recorridos de reconocimiento en el municipio de El Rosario, Sinaloa.
La sorpresa llegó cuando los elementos observaron cinco tambos de plástico que sobresalían de la tierra en un camino de terracería. Al revisar el lugar descubrieron que los recipientes no contenían basura ni materiales ordinarios: estaban repletos de armas y equipo táctico.
El decomiso dejó al descubierto un arsenal compuesto por 66 armas largas, un fusil Barret calibre .50 y dos ametralladoras, además de una enorme cantidad de municiones y equipo para protección balística.
¡ARMAS PARA DESATAR EL INFIERNO!
El inventario asegurado por las fuerzas federales da una idea de la magnitud del arsenal que permanecía escondido:
66 armas largas
1 fusil Barret calibre .50
2 ametralladoras
145 cargadores
6 mil 498 cartuchos
58 placas balísticas
El hallazgo del Barret calibre .50 y las ametralladoras elevó aún más la dimensión del aseguramiento, pues se trata de armamento de gran poder de fuego.
Las armas estaban cuidadosamente ocultas dentro de los cinco tambos enterrados, en un sitio que había pasado inadvertido hasta que los militares y elementos de la Guardia Nacional realizaban sus recorridos de reconocimiento.
UN ARSENAL QUE YA NO LLEGARÁ A LAS CALLES
Tras el descubrimiento, todo el material fue asegurado y quedó bajo resguardo de las autoridades.
El arsenal fue puesto a disposición de la Fiscalía General de la República (FGR), institución que deberá continuar con las investigaciones para determinar su procedencia, quiénes eran sus propietarios y cuál era el destino que tendría semejante cantidad de armas.
Por ahora, el dato que estremece es que decenas de rifles, ametralladoras, un Barret, miles de cartuchos y decenas de placas balísticas permanecían enterrados en un punto de El Rosario.
Un arsenal de semejantes dimensiones no era para una simple refriega: era un auténtico depósito de guerra que, de haber llegado a manos de grupos criminales, representaba una amenaza mayúscula para las fuerzas de seguridad y la población.
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