En ISSSTE Tepic dejaron morir a ancianita… y después dijeron que era por Covid

La negligencia médica, la mafia entre trabajadoras sociales y administrativos que existe en esa institución, debe de ser investigada, por la CONAMED y la Fiscalía General de Justicia Estatal, pues está cobrando muchas vidas de nayaritas. Aquí la historia verídica de quién fue testigo de un lamentable caso.

(Primera de cuatro partes) 

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Estuve solo 5 días internado en el Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (ISSSTE), como beneficiario de un familiar, pero esos días fueron suficientes para darme cuenta de lo precaria y mediocre situación que está la institución en Nayarit.

La negligencia médica, los nexos entre trabajadoras sociales y los directivos se ha vuelto una mafia en esa dependencia, cuya razón de ser se han olvidado, hoy esos preceptos que nacieron en 1959, cuando era el Presidente de la República, Adolfo López Mateos, están más que enterrados.

Les cuento. Desde que comenzó el virus, este servidor y su familia hemos pasado prácticamente en cuarentena, salimos a lo estrictamente necesario, pero, lamentablemente, el pasado 10 de Agosto de este 2020, un servidor comenzó a tener síntomas de coronavirus, covid 19, o ahora llamado pomposamente Sars Cov2.

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Y fue, precisamente, porque las instituciones de salud cuentan con una pésima fama en Nayarit, el que opté por comenzar a tratarme en mi propio domicilio, tuve fuertes fiebres (hasta 39.9 grados), dolores de cabeza, dolor toráxico y tos seca.

El día domingo 16 de agosto, ya habían desaparecido las febrículas, la tos, el dolor de garganta y los dolores de cabeza. Y continué tratándome en casa.

Sin embargo, el miércoles 19 tuve como una recaída, no respiraba al 100, el más mínimo esfuerzo que hacía en casa, como subir o bajar escaleras de una planta a otra, me cansaba mucho, me fatigaba, con muy poca actividad física quedaba rendido.

El médico que me trataba y sigue tratando vía telefónica, ya ahorita es jubilado del IMSS, es muy prestigiado. Él, amigo de la familia de hace tres décadas, me pidió que comprara, si había la posibilidad, un oxímetro de pulso, que  es un dispositivo Médico que se utiliza para medir de forma indirecta la saturación de oxígeno en la sangre, asi como la frecuencia cardiaca.

El autor de esta columna internado por Covid 19 en el hospital del ISSSTE en Tepic.

Hice el esfuerzo de comprar ese aparatito como otras cosas de aplicación médica que ya había adquirido, con el pensamiento que realmente eso sería barato a comparación de irme a internar a un hospital privado, o peor aún, a cambio de mi vida.

Pero ya cuando comienzo a estar en un chequeo permanente, el día 19, el médico dijo que si no subía de nuevo a los niveles normales de oxigenación, tendría que internarme, donde sea, pero tenía que hacerlo.

El jueves 20 de Agosto, mi nivel de saturación de oxígeno en la sangre era de 65 (cuando normalmente debe de ser de 90 a 100), entonces, fue cuando a insistencia del mi médico, decidí, ese día, irme a internar al ISSSTE de Tepic, ese que está frente al Parque de La Loma. Tenía que darles el beneficio de la duda en su prestigio y atención.

Pero, primero, para que me recibieran fue una travesía, a pasar de que les dije mi cuadro de salud médico, tuve que esperar al menos 1 hora entre que me aceptaban o no. Al verme muy decaído y revisar mi nivel de saturación de oxígeno (que estaba en 55 ya), al fin me ingresaron, me quitaron mi poca ropa para ponerme la famosa bata descubierta por detrás…. y ahí comenzó mi verdadero martirio.

Institución de muerte en estos tiempos en Nayarit

DEJARON MORIR A ANCIANITA Y DIJERON QUE FUE POR POR EL COVID

En esta entrega de 4 que haré sobre mi estancia como paciente Covid en el ISSSTE, solo me referiré a uno en especial: la muerte de una ancianita de 77 años de edad, que ingresó a la clínica el día 23 por la noche, ahí en la zona que un servidor estaba, es conocida como “él área roja” o “área Covid”.

Desde su llegada, a esta ancianita la prepararon como nos hicieron a los otros 6 que estábamos en esa sala, que es para 8 pacientes.

La señora también había ingresado por falta de una buena saturación de oxígeno, pero su caso se venía más delicado, por su edad, los enfermeros y enfermeras (ojo, ningún médico) se ocuparon todo el tiempo de ella, le colocaron una mascarilla con oxígeno, igual a la que todos traíamos.

Pero la señora se seguía quejando, lo hacía feo, sufría. Entonces los enfermeros y enfermeras, optaron por conectarla a un ventilador de respiración, le pusieron una nueva máscara que le cubría toda la cara para respirar , era más grande y que se agarra de la parte de atrás de la cabeza, y así, la señora al parecer ya estaba bien. Ya no se quejaba, ya estaba respirando y pasó tranquila unas 3 o cuatro horas de la madrugada.

A las 7 de la mañana de ayer lunes 24 de Agosto, se hizo el cambio de turno. Normalmente cuando eso pasa, todos los pacientes nos quedábamos sin que nadie, absolutamente nadie esté cerca para poderle decir cualquier cosa. Es una hora de abandono total a los enfermos, burocratismo puro.

Su servidor, no pude dormir bien la noche anterior, de domingo a lunes, por el caso de la señora. Vi todo lo que le hicieron desde que llegó… y hasta después que murió.

En efecto, a las 7:15 de la mañana de ayer, lunes 24 de agosto, algo ocurrió con el respirador de la señora, al parecer ya dormida hizo un movimiento que el tubo que iba del ventilador a su mascarilla, se safó, se soltó. La máquina comenzó a pitar constantemente, haciendo un sonido que es la advertencia de que el aparato no estaba funcionando al 100 por ciento o que algo andaba mal. Yo desde mi cama ví todo. Así es que como pude me senté en mi cama, y grité para que llegara alguien a atender a la señora, a la puerta del área se acercó, sin meterse por ser área Covid, una enfermera, que me preguntó qué ocurría. Le dije la situación, puso cara de asustada y fue a buscar a alguien, mientras la señora seguía quejándose con desespero y la máquina pitando.

Así pasaron 15 largos minutos, yo seguía hablándole a alguien pues alcanzaba a ver el pasillo que quedaba a unos 10 metros de conmigo, para que fueran con la señora, quien a las 7:30 de la mañana comenzó a “calmarse”, cada vez se quejaba menos, y a las 7:35. La señora dio su último aliento. Sí, falleció.

Como a las 7:45 llegó una enfermera a nuestra sala, era el nuevo turno, y se dirigió a la cama de la señora obviamente para ver por qué pitaba el aparato. Checó a la señora y supo que estaba muerta.

No me preguntó nada, ni me dijo nada. Yo no le dije tampoco nada, solo nos vimos dos o tres veces, ni le pregunté nada. Tal vez era por respeto a la muerte señora o tal vez, porque se hubiera dicho lo que se hubiera dicho, todo seguiría igual. La señora no iba a revivir.

TIENE QUE INVESTIGARSE ESTE CASO

El caso de la señora que al igual que todos los que estábamos en ese tiempo y lugar era un caso seguro de covid.

Se deben investigar todas las anomalías e ilegalidades que ocurren en su interior. Matan impunemente.

Pero la señora no murió por Covid. Esa señora murió porque NO HUBO ALGUIEN QUE LA ATENDIERA, POR NEGLIGENCIA MÉDICA, ya que cuando comenzó a alertar la máquina, el ventilador que le daba el oxígeno, y alguien hubiera acudido a su auxilio, que alguien hubiera ido a conectar el tubo desprendido o volverle a mover al aparato, ella tal vez seguiría viva.

Es por tanto que la Conamed (Comisión Nacional de Arbitraje Médico) debe de intervenir a favor de los deudos, a quienes ni les ha de dar por la cabeza cómo fue realmente la muerte de su abuelita, de su madre.

Incluso, el agente del Ministerio Público del Fuero Común, debe de iniciar una carpeta de investigación sobre esta muerte que pudo haber sido por negligencia, pero también pudo haber sido provocada pues ellos sabían que sin el respirador la señora moriría, y tal vez, por eso no la atendieron en tiempo y forma.

Ah, pero en su informe de fallecimiento, supe que pusieron que “murió por Covid”.

Ya al medio día de este mismo lunes al llegar un nuevo enfermero conmigo, le pregunté cómo que si yo no sabía nada y poco antes de que sacaran a la fallecida en una bolsa negra:

—¿Oye por qué murió esa señora?. A lo que me contestó:

—“Ah, la pobrecita murió por Covid, que no aguantó ni con él ventilador, ya la iban a entubar cuando se murió”.

—Ah, pobrecita. También contesté como que sí no ví toda la escena desde que llegó y hasta por qué murió realmente esa señora.

PARA CERRAR

En próximas entregas hablaré sobre la precaria situación en la que trabajan quienes son realmente los que están en la primerísima línea del combate a Covid: Los enfermeros y enfermeras, camilleros y personal de aseo. También escribiré sobre la evidente confabulación que existe entre los médicos, las trabajadoras sociales y la directiva de la clínica y en otro caso, haré referencia, sobre los falsos diagnósticos, el ocultamiento de información, y las equivocaciones profesionales que comenten los médicos y los tildan de “errores de dedo”.

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