Navarro Quintero… «El patito feo»

Quién podría olvidar como hicieron añicos la honra de este desventurado personaje, le dijeron de todo: “Kid Lonas”, “frijolito”, “perdedor irredento”, “doctor Chapulín”, “hijo de Veytia”, “entenado de Sandoval”, “cartucho quemado”, “cadáver político”. El patito feo sufrió persecución de todos, incluso sus aliados de morena… perdón, del estanque, se portaron muy mal con él.

El patito feo, cuento entrañable, uno de los tantos que nos legó Hans Christian Andersen, con éste solía hacer dormir a mi Daniela tiempo ha, cuando ella era apenas un pedacito de carne. Pues bien, no hace mucho, en Nayarit conocimos a un patito feo, uno que al igual que el protagonista de la fábula, era un esperpento que recibió picotazos, empujones y burlas de toda la fauna local. Y sí, este pato del que les hablo, oriundo de por los rumbos de Puga, fue objeto de traiciones políticas y también de burletas y escarnio por parte de plumas vendidas, compradas y alquiladas; bueno, hasta aquél grupúsculo que un malhadado día el profe Castellón endilgó el espantoso apelativo de “influencers” se dio gallo con el pato.

Quién podría olvidar como hicieron añicos la honra de este desventurado personaje, le dijeron de todo: “Kid Lonas”, “frijolito”, “perdedor irredento”, “doctor Chapulín”, “hijo de Veytia”, “entenado de Sandoval”, “cartucho quemado”, “cadáver político”. El patito feo sufrió persecución de todos, incluso sus aliados de morena… perdón, del estanque, se portaron muy mal con él.

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Pero el tiempo siguió su curso y un de repente el sol de la 4T brilló sobre el plumaje del horroroso palmípedo y ahí el prodigio, la metamorfosis, u ora sí como quien dice, la transfiguración. El mamarracho del cuento, otrora ludibrio de periodistas venales y adversarios, exhibía su refulgente plumaje y partía plaza. Bravos, vivas, hurras y toda suerte de ovaciones sustituyeron a las diatribas ¡Ah, perro! decían quienes tiempo atrás lo befaron, ¡qué manera de equivocarnos!… Pues sí, el mentado patito feo resultó en un majestuoso cisne, bien de las de acá ¿edá?, mamalón, vaya.

Helo ahí, gracias al tsunami obradorista alcanzaba el Nirvana político. El cisne morenista cuajado de bellezas no advertidas antes (apúntenle): su estatura de líder, su portentosa retórica, su vocación de estadista, su mística de mesías, su brillante trayectoria política. Los moneros por más que intentan ridiculizarlo ahora lo miran rechulo. Los fotógrafos ¡cero photoshop! solo reproducen un rostro para la posteridad. Plumíferos y “líderes de opinión”, más veloces y diestros que las beneméritas damas de la mítica Casa Esther, no tardaron nada en dárselas: las primeras planas, las ocho columnas, las entrevistas…

Así de caprichosas son las mudanzas de la vida y la política. Porque, no sé ustedes, pero mis niñas, las de mis ojos, no hace mucho se hartaron de leer toda suerte de embustes y vulgaridades en contra del pugueño. Los perpetradores de tales majaderías se solazaron, hagan de cuenta aquél oprobioso juego de feria llamado “péguele al negro”; ah, pero los tartufos hoy día se desviven en alabanzas hacia el próximo tlatoani estatal y su gabinete. Y lo más indignante: la lista de logreros la lideran -faltaba más, faltaba menos- los influencers, esos mismitos personajes alcahueteados por Toñito, entre otros perfiles que mal pergeñan escritos periodísticos.

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“Bécame, bécame mucho…”, susurran al oído del flamante cisne nayarita quienes de manera abierta y embozada lo deploraron a él y a todo lo que oliera a la 4T. Queda en sus manos si a contrapelo de la austeridad republicana y del ejemplo presidencial decide sostener en las nóminas a arrogantes “estrellitas” del Facebook, que en lugar de dignificar el oficio lo tergiversan y desacreditan, o le apuesta a apoyar a periodistas discretos y ajenos al protagonismo que incluso han sido perseguidos por denunciar actos de corrupción.

No sé si la frase es de Prótagoras o de Efraín Huerta: “el hambre es la medida de todas las cosas”… y la que se cargan los “influencers” y demás vedetes del “periodismo” digital, críticos feroces del entonces patito feo, es ancestral. Un dato nomás para que calculen el grado de desfachatez: las y los alquilones también lo ridiculizaron, pero como traerá la talega ya hasta guapo ven al afamado Tico. Se pasan.

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