El verdadero obstáculo del alcalde Héctor Santana está en su propio círculo de confianza. Ambiciones personales y desorden interno frenan a Bahía de Banderas
Por: Lenin Guardado | criticadn.mx

Mientras el presidente municipal de Bahía de Banderas, Nayarit, Héctor Javier Santana García intenta cumplir con su responsabilidad pública y sacar adelante su administración, ese esfuerzo se diluye en un entorno donde la mayoría de su equipo parece más enfocada en su beneficio personal y de grupo que en servir a la ciudadanía.
Ahí está el caso de la síndico municipal, Daniela Zeamay Sahagún Flores, cuya ambición política ya no disimula. Desde su trinchera, lejos de facilitar el funcionamiento del ayuntamiento, lo entorpece. En su cálculo, cree que debilita al alcalde, pero en realidad se exhibe a sí misma y salpica a quien supone su referente político, Geraldine Ponce. No solo eso: su actuación también deja mal parado al legislador Jorge Armando «Fugio «Ortiz Rodríguez, quien en su momento impulsó su llegada al cargo y hoy paga el costo de esa apuesta.
El panorama no mejora con los regidores. A mitad de su encargo, muchos ya están más preocupados por el siguiente “hueso” que por cumplir el actual. En su carrera por asegurar recursos y posicionarse políticamente, la prioridad dejó de ser el ciudadano. El voto que los llevó al cargo se convierte, así, en un trámite olvidado.
A esto se suma una capa de funcionarios y titulares de áreas clave que dominan el arte de la simulación: aparentan trabajar, administran inercias, pero no generan resultados. Son parte de una burocracia que no construye, pero sí estorba.
En ese contexto, el camino de Héctor Javier Santana García —quien ya no oculta sus aspiraciones a la gubernatura de Nayarit— se vuelve cuesta arriba, cargando con aliados que pesan más de lo que aportan.
Pero el viejo refrán aplica: la culpa no es del indio, sino de quien lo hace compadre. Y en este caso, el principal responsable del desorden administrativo en Bahía de Banderas es el propio alcalde. Sus errores al elegir a quienes ocupan posiciones clave ya no son aislados: son una constante que termina afectando directamente a la población. La Dirección de la Policía es un claro ejemplo de ello.
Porque el liderazgo no se mide solo en discurso, sino en decisiones. Y una de las más críticas es la selección del equipo. Elegir bien no es un trámite ni un acto de confianza ciega; es una estrategia que define el rumbo de cualquier proyecto. Si un líder no entiende que su éxito depende de la calidad, compromiso y valores de quienes lo rodean, entonces su proyecto nace condenado.
PARA CERRAR
El liderazgo no termina al nombrar un gabinete. Ahí comienza la verdadera prueba: formar, exigir, alinear e inspirar. Un líder eficaz impulsa a su equipo a crecer, corrige desviaciones y mantiene a todos enfocados en objetivos comunes. Nada de eso está ocurriendo hoy en el Ayuntamiento de Bahía de Banderas.
Y la conclusión es incómoda, pero inevitable: si no puede ordenar y hacer funcionar un municipio, difícilmente podrá aspirar a gobernar un estado.
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