Irónicamente, AMLO es clase socioeconómica alta

La política está ligada al mérito y por consiguiente al aspiracionismo. Por extensión Andrés Manuel López Obrador es parte de la meritocracia aspiracionista, es decir llegó al poder por ser considerado mejor que las opciones disponibles en el 2018.

No acaba de convencerme la explicación del presidente sobre la clase media “aspiracionista”. Entiendo que personas que ponen los bienes materiales por encima de la felicidad familiar, personal o espiritual, tienden a estar insatisfechas.

No obstante, no están peleadas las aspiraciones con la espiritualidad, no creo que buscar un techo estable para tus hijos sea una señal de perversidad.

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La ironía e incongruencia con la que los políticos mexicanos acostumbran hablar a la población es impresionante.

Andrés Manuel López Obrador no ha sido el primero en confundir clases sociales, en el sexenio de Carlos Salinas de Gortari se promovió la idea de que la clase media en realidad era alta, este discurso causó el endeudamiento de millones de mexicanos que cayeron rápidamente ante la crisis del 94.

Ahora el presidente quiere convencer al país que tener aspiraciones es un error y ahora la clase media virtuosa es la que es baja.

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Para un mercadólogo es imposible no participar en la discusión sobre niveles socioeconómicos. Si tomamos los parámetros de la Asociación Mexicana de Agencia de Investigación (AMAI), parecería que el presidente cae perfectamente en la definición de nivel socioeconómico alto.

Según la asociación el nivel A/B (alto) es aquel que “está conformado en su mayoría por hogares en los que el jefe de la familia tiene estudios profesionales o de posgrado (82 por ciento). El 98 por ciento de los hogares cuenta con internet fijo en la vivienda. Es el nivel que más invierte en educación (10 por ciento del gasto) y el que menos dedica al gasto en alimentos (28 por ciento)”.

Según fuentes públicas el presidente cursó la Licenciatura en Ciencias políticas y administración pública, claramente tiene internet en Palacio Nacional e invirtió en su propia educación y la de su familia. Por último no creo que dedique más del 28 por ciento de su sueldo en comida. Claro, sin tomar en cuenta el rancho —La Chingada— que heredó de sus padres en Palenque, Chiapas.

Podemos si es necesario correr el cuestionario de la AMAI que se puede encontrar en https://www.amai.org/descargas/Cuestionario-NSE-2018.pdf y que según mis cálculos suma 231 puntos es decir nivel socioeconómico alto.

Es justo decir que sí AMLO según la AMAI es A/B, algunos presidentes previos serían A+. No obstante, la vida de los políticos es rara vez clase media, no sólo en México pero en todo el mundo.

Otra ironía comienza con la definición de clase media aspiracionalista, según AMLO son malos por querer avanzar a costa de la pérdida del prójimo. Podría estar de acuerdo con el Presidente si no fuera por la forma en la que llegan los políticos a los puestos de elección popular.

Un político debe ganar a uno o más contrincantes para tener un puesto, es decir, pasar por encima de terceros.

La política está ligada al mérito y por consiguiente al aspiracionismo. Por extensión Andrés Manuel López Obrador es parte de la meritocracia aspiracionista, es decir llegó al poder por ser considerado mejor que las opciones disponibles en el 2018.

“La meritocracia es criticada por su carácter antidemocrático y elitista y ser generadora de desigualdad social y desigualdad económica y consolidación social de las jerarquías y los privilegios, es decir del Status quo”. Curiosamente al ser la mejor alternativa ganó a través de los méritos, no meritaje (que es harina de otro costal). Desde chico consideré que la máxima aspiración de un niño es “quiere ser presidente cuando crezca”. Argumentaría que la aspiración es parte indispensable de un líder.

Entiendo que el presidente se refiere a los excesos de un sector de la población que no cumplen con la responsabilidad social. También entiendo que la representación del nivel socioeconómico alto o medio no era el tema central y que se seguramente utilizó como marco contextual. No obstante, referirse a la clase media de cualquier manera que no sea con admiración es un error. Las clases medias son las que construyen un país, son las que impulsan la educación de sus hijos como máxima prioridad y buscan enteramente el patrimonio para tener mayor seguridad en la familia.

La desigualdad ha sido una de las banderas centrales del gobierno de AMLO, por esa razón me sorprende que no se apliquen los aprendizajes del estudio de Berger y Houle de la Universidad de Dartmouth.

Según el estudio “Los resultados indican que los niños pueden beneficiarse de un entorno en el que sus padres sean dueños de una casa y/o tengan niveles más altos de educación. Sin embargo, los niños cuyos padres tenían niveles más altos o aumentos en deudas no garantizadas (tarjetas de crédito u otros tipos de deudas que no están vinculadas a un activo, como las deudas médicas y los préstamos de nómina) tenían probabilidades de experimentar un peor bienestar socio emocional.

Los altos niveles de deudas no garantizadas pueden crear estrés o ansiedad para los padres, lo que puede obstaculizar su capacidad para exhibir buenas conductas de crianza y, posteriormente, afectar el bienestar de sus hijos”.

Entonces, es innecesario atacar a la clase media, debemos buscar mayor bienestar para las personas a través de menores niveles de deuda y riesgo crediticio.

El presidente insiste en que el problema no es la clase media, en realidad es con un sector demasiado ambicioso.

Pero, no veo forma en la que pueda separar los efectos positivos y negativos de dicho comportamiento. Sólo con el esfuerzo y ambición diaria, han salido adelante incontables madres solteras en México. ¿Cómo es posible separar los dos fenómenos?.

Lo mismo sucede en la política, la elección popular es por definición meritocracia, pero de qué otra forma podemos escoger a nuestros gobernantes.

La ambición es parte central de la mejora personal pero en exceso es nociva. El reconocimiento de la excelencia puede ser un virtud hasta que se utiliza para agredir a los menos excelentes. Ojalá el Presidente rectifique su relación con la clase media por el bien de todos.

(Tomado de Merca2.0)
Alvaro Rattinger es CEO de la Revista Merca2.0 y colaborador de Eduardo Ruiz-Healy en Radio Fórmula y Carlos Mota en ADN40. Autor de los libros Nuevo juego, nuevas reglas y Marketing Asimétrico.

 

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