Importante tener campeones, pero más cumplir sueños: Alfredo Caballero

Alfredo Caballero, entrenador de boxeo con varios campeones mundiales, no encuentra razones para dejar su tierra, Sonora. Dice que ahí tiene todo lo que necesita.

Alfredo Caballero, entrenador de boxeo con varios campeones mundiales, no encuentra razones para dejar su tierra, Sonora. Dice que ahí tiene todo lo que necesita: mar, sierras, un gimnasio en Hermosillo de donde han salido peleadores sobresalientes, pero sobre todo una veta inagotable de jóvenes que sueñan con destacar en este deporte.

Desde luego que su actividad –explica– sería beneficiada si viviera en Estados Unidos, donde se mueven los activos más codiciados, boxeadores con hambre de éxito que fluyen como productos lucrativos y las empresas que mueven las ganancias más jugosas de este negocio.

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Yo estoy en la tierra a la que pertenezco, dice Caballero con ese acento franco de su región; qué voy a hacer allá en el otro lado, estoy con mi gente, en mi colonia Jardines en Hermosillo, de la que me siento orgulloso; aquí hay muchos chamaquitos que sueñan en ser campeones o quieren destacar como boxeadores y me siento obligado a apoyarlos.

La mística de Caballero es directa: un entrenador no sólo debe ser un cazador de talento para explotarlo en el gran negocio de boxeo, donde se mueven sumas escandalosas de dólares. También debe ser una especie de activista o tutor que apoya a cientos de jóvenes que tratan de abrirse camino en una disciplina severa y difícil.

La diferencia con otros entrenadores es que yo los formo desde niños, presume Caballero; no estoy buscando sólo campeones, sino apoyo a cualquier chamaco que tenga un sueño en este deporte; cuando llega un niña o niño con ganas de trabajar, siento algo por dentro, como que no puedo dejarlos solos y me siento comprometido para apoyarlos a que encuentren su camino.

Caballero tiene campeones que expresan el buen trabajo que hace en el gimnasio en Hermosillo, Miguel Berchelt, superpluma con una pegada espectacular, Francisco Gallo Estrada, monarca supermosca y uno de los estilistas más elegantes, y Yamileth Mercado en peso supergallo.

El Consejo Mundial de Boxeo lo ha nominado como candidato en la categoría entrenador a lo mejor de 2019. Caballero compite con el mexicano Eddy Reynoso (Cane-lo Álvarez), Anatoly Lomachenko (Vasyl Lomachenko), Jay Deas (Deontay Wilder) entre otros. Una nominación que lo tomó por sorpresa, porque Caballero nunca ha buscado los reflectores a su trabajo.

Me empieza a caer el veinte, dice apenado; veo que otros entrenadores compiten por ser reconocidos como los mejores y eso no me importaba mucho. Ahora pienso que sí quiero ser el número uno, porque represento a mi colonia, a Hermosillo, y lo hago con lo que más me gusta de mi trabajo, si es así, quiero ser el mejor.

Caballero sabe que Reynoso tiene la plataforma poderosa del nombre de Canelo Álvarez, pero eso no lo intimida. Aunque respeta el trabajo de ambos y los reconoce como ejemplares valiosos del negocio, tiene sus reservas. Para el entrenador sonorense, el pelirrojo no ha conseguido brillar con un boxeo luminoso, apasionante.

“El Canelo es un buen boxeador, nadie puede negarlo”, dice sin ánimo de polémica; pero todos sabemos que no ha dado una gran actuación de esas que te levantan del asiento. Sabe escoger a sus rivales y cuando trabajas así, difícilmente tienes un reto que exija el máximo de un peleador.

Ahí es donde brota el orgullo del trabajo que hace en su gimnasio. Cuando habla de la evolución demoledora de Berchelt o del boxeo impecable y con gracia de Gallo Estrada, muestra indicios de placer por su enseñanzas.

“Sin esa publicidad del Canelo, sin escoger rivales, ahí van el Gallo y Berchelt ganando respeto”, dice satisfecho; no generan esas ganancias millonarias, pero esperamos que su trabajo sea pagado en el futuro como merecen, por su valor y calidad.

Al terminar del gimnasio el sábado, Caballero se marcha con su familia para pasar el resto de la tarde. Temprano, al día siguiente, llegará de nuevo a entrenar jovencitos con la misma dedicación que prodigaría a una estrella de los cuadriláteros.

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