Columna Otero: ADIÓS, HERMANO VENADO, ADIÓS BERNARDO MACÍAS MORA

Dejas, Bernardo, Venado, hijos y nietos, así como un legado poético y uno fotográfico de recuperación de nuestra memoria....

Serían las cuatro de la tarde cuando leo a Enrique Hernández Quintero: «Ha muerto, quisiera que fuera broma». Y no es broma, «que verdad dura y sin sombra», diría García Lorca, poeta que nuestro querido Bernardo Macías Mora, «el venado» apreciaba.

41 años de caminar juntos se vinieron de golpe. Desde aquel día que ya para iniciar un torneo de ajedrez en el museo de historia regional me lo presentó quien terminó siendo nuestro hermano mayor y mi compadre, como de él, Antonio Humberto Herrera López, quien con Venado y su servidor acaba de sufrir la partida a la gloria del Señor de Óscar Humberto, el benjamín de los Herrera.

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-No estará solo a la diestra del Señor, pues allá le esperan José Luis Rochín, Mario Santiago, Mario (Ávila Bañuelos) Coz, Alberto Modad Sandoval, Alberto Leal y Oscarín.

Y si ustedes creen que duele que haya vuelto a la Casa del Señor, espérense a querer leer lo más reciente sobre los estúpidos que se oponen a darle al peatón una ciudad digna, o lo más viejo de las calles que caminamos en nuestro Tepic, en cuya Plaza Principal, que para mí y a pesar de él sigue siendo «De Armas» de Tepic, donde sobre las tres de la tarde le recogió la parca de una manera que, estoy cierto porque lo platicábamos, fue la mejor: de un infarto, apenas una sensación de que algo duele en el corazón y no son los desprecios.

De antología el pésame de Selene Maldonado Guerrero, hija de mis queridos Celina Guerrero y Elías Maldonado: «Los poetas son así, caprichosos. Los amantes son así, poéticos. Tienen la virtud de ver belleza donde los demás ven caos. Los historiadores son así, intemporales. Y quedan dormidos así, en sueños de jardín y catedrales de tiempo».

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Ajedrecista. Billarista. Bohemio, Bernardo vivió en tres tiempos y tres ciudades: Su natal Tepic, cuyo padre, don Ramón Macías, tuvo una tienda de ropa apenas a dos cuadras de donde él recogía la cotidianeidad y donde quedó plácidamente dormido en una banca, a metros de la estatua de Amado Nervo cuya burda pintada en dorado tanto criticó, ya por el amor al Poeta Mayor, ya por mero sentido estético, en él más desarrollado que en otros.

México, donde curtió su vena poética al lado de Mario Santiago y otros infrarrealistas, a la par que cultivaba su amor al ajedrez en el Club Metropolitano, como él, hoy desaparecido pero jamás olvidado.

Y Los Ángeles, California, donde con el soberbio ajedrecista guerrerense Alberto Leal y Alberto Modad probó los sinsabores de ser buenos para la poesía y los escaques y malos para el pico y la pala, pero siempre animosos para saber que las adversidades son temporales y las satisfacciones para siempre.

De esas satisfacciones, la amistad con nuestro también amado José Luis Rochín, músico non y promisorio ajedrecista. Y la convivencia estas cuatro décadas con la familia Herrera López, a la vera de don Humberto (+), doña Elena y nuestros hoy hermanos (y también mi compadre) Antonio Humberto, Roberto Arturo, César Augusto, hoy en duro trance; mi padrino Carlos Eduardo y el recientemente reincorporado a la Gloria del Señor, Óscar Humberto.

-Del oficio de reportero, donde Periodista fuiste ejemplar, queda testimonio en los diarios que enriqueciste con tu vena literaria, así como en la radio. También en la cátedra que diste hace 15 días para la organización del gremio que fundaste, Comunicadores Unidos de Nayarit.

Dejas, Bernardo, Venado, hijos y nietos, así como un legado poético y uno fotográfico de recuperación de nuestra memoria que a la par de mantener vivo el recuerdo del Tepic de los últimos 100 años permitió alentar la mejoría del centro histórico, cuyos efectos habremos de gozar dentro de dos meses y medio, justo cuando sentiremos la falta que nos harás en la época de mayor unidad familiar.

Hermanos somos y en Dios seguiremos siendo. Hasta entonces y para siempre, Venado.

(Tomado del muro de facebook: Otero.com.mx)

Platicando con el gobernador Antonio Echevarría García. En el centro de Tepic.
Su niñez.
Con Arturo Guerrero, ex Director del DIF, y Lenin Guardado, Director General de Crítica Digital Noticias, quien fue su ahijado en el periodismo.

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