Por ahora, las comunidades siguen en alerta. Las montañas guardan el eco de lo que ha ocurrido, pero, la incertidumbre permanece. En Huajicori, la calma es un lujo que hoy no existe.
Por: Armando G. Barrera | criticadn.mx
En la comunidad serrana de El Ojo de Agua, el amanecer del pasado martes no trajo el sonido habitual de los gallos ni el movimiento cotidiano de las familias que preparan el día. En su lugar, la tranquilidad fue abruptamente interrumpida por ráfagas de fuego cruzado que, según habitantes, comenzaron desde las primeras horas de la mañana y se extendieron a lo largo del día.

Lo que inició como un rumor entre los pobladores —“se están oyendo balazos en el cerro”— pronto se convirtió en una certeza aterradora: grupos armados rivales, presuntamente pertenecientes a organizaciones criminales con presencia en la zona, se habrían enfrentado por el control del territorio.
La sierra retumba: historias desde dentro del miedo
El estruendo de las detonaciones —que vecinos identifican como de armamento de grueso calibre— resonó por horas entre las montañas que rodean la comunidad. Las casas, construidas en su mayoría de block y lámina, parecían insuficientes para contener la angustia de quienes se refugiaron en su interior.
“A veces son ráfagas, a veces como explosiones. No sabemos dónde están, pero se escucha como si fuera aquí cerquita”, relata una mujer que pidió omitir su nombre por seguridad. Como ella, decenas de familias prefirieron no salir, cerrar ventanas y mantenerse tiradas en el piso durante los momentos de mayor intensidad.
En varias viviendas, los niños preguntaban si podían ir a la escuela. Las madres respondían que no. “Hoy no”, una frase que ya se vuelve habitual en comunidades donde la violencia dicta los horarios.
Un territorio disputado
Aunque ninguna autoridad ha emitido información oficial sobre el incidente, los pobladores afirman que la zona ha sido escenario de tensiones previas. Por su ubicación estratégica en la sierra, cercana a caminos que conectan con Durango, Sinaloa y Zacatecas, la región suele ser espacio de tránsito para grupos armados, sobretodo del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) y del Cártel de Sinaloa, facción Mayiza (CDS-MF).
Las detonaciones de este martes y aún hoy miércoles, aseguran los habitantes, fueron más intensas y prolongadas que en ocasiones pasadas, lo que avivó rumores sobre un choque entre esos cárteles rivales que buscan afirmar dominio en esta parte de Nayarit.
La ausencia de información oficial
Hasta el cierre de esta edición, ninguna autoridad estatal, municipal o federal ha confirmado el origen de los enfrentamientos ni la magnitud del operativo —si existe— desplegado en la zona. Tampoco se ha informado sobre heridos, fallecidos o posibles daños a viviendas.
La falta de comunicación oficial ha contribuido al ambiente de zozobra. “Lo que más asusta es no saber qué está pasando afuera”, comenta un habitante que pasó la mañana recostado en el suelo con su familia para evitar exponerse a una posible bala perdida.
Una comunidad que permanece inmóvil
Las calles de El Ojo de Agua, Llano Grande, San Andrés Milpillas y otras, usualmente transitadas por jornaleros, niños y comerciantes locales, permanecieron vacías. Las tiendas cerraron y algunas familias se prepararon para una posible noche de insomnio, pendientes del sonido que marcó el día: el eco de las armas retumbando entre los cerros.
Mientras tanto, los habitantes insisten en un llamado urgente:
“Queremos que las autoridades vengan, que digan algo, que nos protejan. No podemos vivir con miedo todos los días.”
Por ahora, las comunidades siguen en alerta. Las montañas guardan el eco de lo que ha ocurrido, pero, la incertidumbre permanece. En Huajicori, la calma es un lujo que hoy no existe.
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